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| Que viene la Canca |
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Es que hay cosas que uno no consigue perdonar a quienes optan a la presidencia de este país plagado de incertidumbres más que preocupantes (según la estrategia de la crisis y el catastrofismo zetapédico del PP), y de logros más que esperanzadores (sólo logros frente al oscuro radicalismo de la derecha que vuelve a estar bajo palio, según la letanía estratégica socialista).
Entre otras cosas porque de logros esperanzadores y de incertidumbres preocupantes está plagado el horizonte inmediato de los españoles, y no sólo de unas u otras circunstancias en función de quien las enarbole para ganar votos el 9 de Marzo. Pero hay cosas, repito, que me resultan imperdonables, por más que intento tirar de vuelta de tuerca y que me quiten lo bailao en tantas campañas electorales. Escuchar, por ejemplo, a Rajoy, responsabilizar a Zapatero de los ataques (porque han sido ataques, a la dignidad, a la libertad personal y, si los vigilantes y algunos asistentes no lo hubieran evitado, todo parece indicar que a la integridad física) que han sufrido en las universidades de Santiago, de Barcelona y de Madrid, respectivamente, la valiente María San Gil, la popular Dolores Nadal y la incómoda Rosa Díez.
La fotografía está, al menos la que yo miro, en la página 16 de la edición andaluza de El País del pasado miércoles, y fue tomada en un mitin del PSOE en Guadalajara el día anterior. El chiquillo tiene una camiseta del Barça, que al día siguiente jugaría a las mil maravillas remontando con tres goles un cero a dos ante el Celtic, en Glasgow, pero eso no le pone color a la fotografía cuando la miro de nuevo mientras escribo esta página. El fútbol no todo lo puede, aunque pueda demasiado. Y por estos lares no pinta mejor. Demasiados bastos y alguna espadilla que uno no quiere pensar que fuera lanzada sobre el propio tapete por culpa de algunas copas antes de la pegada de carteles y, por tanto, de la inauguración legal de la campaña.
Ni hay derecho a tener que soportar el bipartidista estrellato devenido de las candidatas malagueñas del PP y del PSOE. Ya supera el cacareo político de los cara a cara que siguen sin tener fecha definitiva ni ubicación efectiva ni cara mediática. Es lógico que las dos personas que, según todos los indicios, podrían asumir la responsabilidad de formar Gobierno, se enfrenten en debates que ilustren sus capacidades y propuestas frente a los ciudadanos que, les voten a ellos o a otros, habrán de asumir a uno de ellos como su presidente nacional o autonómico. Lo que también vale para un alcalde o alcaldesa. Pero elevar a la categoría de estrella política a candidatas que como mucho volverían a ser ministras o consejeras, desprecia el sentido de servicio público que debe legitimar la militancia política.
Porque hoy es sábado, además, me cuesta no pensar que esto esté ocurriendo porque las candidatas son mujeres y con fuerte carácter. Ellas, los reclamos del circo malaguita. Y algo de eso hay, aunque los partidos no hayan sabido o querido verlo. O sí.
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