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| El Fútbol Suizo Atrasa |
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La verificación de que el fútbol se practica en Suiza con las mismas reglas que en el resto del mundo constituye la primera gran aportación etnográfica de la jornada inaugural de la Eurocopa. La segunda revelación es que los futbolistas helvéticos no utilizan esquíes. Eran once, aunque con quince tendrían alguna posibilidad de ganar el torneo. La República Checa alineó a diez humanos, y a un paredón llamado Koller. Su presencia transforma el fútbol en pádel, donde las paredes también juegan. Su sustitución en la segunda mitad equivalía a la caída del Muro de Praga. Y al gol.
Contemplar un partido de Suiza puede compararse a admirar ininterrumpidamente durante una hora y media la obra maestra del arte helvético, el reloj de cuco. Sin goles, o sea, sin pajarraco. Ambas experiencias comparten la dificultad de distinguir un minuto del precedente. Nadie le pide inspiración ni malicia a un reloj, con el agravante de que el
fútbol suizo atrasa. Algo más de un siglo. Pese a ello, un partido con suizos es un alivio después de asistir a una ceremonia de apertura de la Eurocopa con ese mismo pasaporte, indigesta incluso para la audiencia televisiva que sobrevivió a Chikilicuatre. Algo habrá que añadir sobre los checos, ya que vencieron. Parecían suizos. A menudo, identificar a los rivales del choque inaugural equivalía a distinguir una oveja de una cabra, y plantearse después si hacerlo tenía el mínimo sentido.
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