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| Está en riesgo la torre del reloj de la Catedral |
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El reloj corre riesgo porque el piso de madera que lo sostiene está cada vez más hundido. Tarde o temprano puede caerse. Puse en aviso de esta situación hace un año, pero la parroquia no tiene los fondos para hacerse cargo, advirtió el relojero Carlos Raúl Muñoz, quien hasta el año pasado se encargaba de reparar la pieza, que perteneció al Cabildo.
Por la única ventana de la torre, con vista hacia calle Laprida, entra el agua de lluvia y humedece los dos entrepisos de la parte alta. Luego de las restauraciones que llevó a cabo el ex párroco de la Catedral, monseñor Segundo Soria, en la década del 50, muy pocas personas han vuelto a circular por la torre. Según recuerda Mirta, la secretaria parroquial, en los últimos años sólo dos personas han subido: Víctor, el encargado del mantenimiento, y el relojero Muñoz.
Subir a la torre de la Catedral que conduce al reloj es una odisea: la escalera caracol metálica de más de 100 escalones es muy estrecha; sólo hay luz en la planta baja y la limpieza del lugar es deficiente: las telas de araña cuelgan de las barandas, haciendo de red a las plumas y a la suciedad de las palomas que se refugian en la oscuridad.
El actual párroco, monseñor José Arbó, no conoce con exactitud en qué estado se encuentra el sector de la Catedral. Estoy enfermo desde hace años y no me siento en condiciones físicas para subir; pero el encargado de la limpieza lo hace con frecuencia, comentó.
Más de 600 kilos de metal y tuercas conforman el viejo reloj inglés que data de 1844. Fue hecho en Londres por encargo del ex gobernador Celedonio Gutiérrez. Es un reloj Ñhora y media totalmente mecánico y gravitacional, que fue automatizado hace tres años. Con campanadas cada media hora que indican qué hora es, contó Muñoz.
Como péndulos tiene dos pesas de 130 kilos cada una y una campana de bronce de más de 350 kilos. Ese reloj estaba en el Cabildo, antes de que fuera construida la Casa de Gobierno, a principios de 1900, y fue entregado en comodato a la Catedral cuando comenzaron las obras en 1914, apuntó el padre Soria.
Además de arreglos en el interior y el frente, se arregló la torre que estaba inclinada 17 milímetros hacia la calle Congreso. Se le colocó una enorme viga que la abraza, se clausuraron las aberturas y se hicieron dos entrepisos nuevos. Todo había quedado bien firme, subrayó.
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