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| El cuchillo de SUR |
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EL domingo pasado me levanté por la mañana temprano y fui a comprar la prensa. Adquirí por un euro el cuchillo de chef grande que venía con el diario SUR. El quiosquero introdujo en una bolsa los periódicos, el libro, el DVD, el CD y el cuchillo. La calle estaba desierta. Iba ojeando los titulares cuando levanté la vista y vi a dos tipos que venían hacia mí. Al cruzarnos, uno de ellos me preguntó la hora. No llevo reloj, le respondí, pero deben ser alrededor de las nueve. Lo cierto es que nunca llevo reloj, salvo el del teléfono móvil que me había dejado en casa. Supe, nada más verlos, que iban a atracarme. Así fue. Llevaba la billetera en el bolsillo interior de la cazadora. El que aún no había hablado, abrió la boca para decirme que le diera todo el dinero que llevara encima. No me apetecía empezar el día entregando mi dinero al primer par de desconocidos que me asaltaban en plena calle. Les dije que me dejaran en paz y que no me agobiaran. Entonces, el de la hora me dijo que tenían el mono y que eran capaces de cualquier cosa. No lo dudé dos veces, metí la mano en la bolsa de los periódicos y saqué el cuchillo de chef de SUR.
Nunca había amenazado a nadie. Me faltaba experiencia para pronunciar una frase que consiguiera amedrentarlos. Les dije simplemente que se largaran si no querían que hundiera en sus entrañas veinte centímetros y medio de acero inoxidable. Debí ser bastante convincente, porque aún no había acabado la frase cuando ya se habían ido soltando improperios. Me quedé en medio de la calle solitaria con el cuchillo de chef en la mano y la sensación de ser un tipo duro, algo que nunca se me hubiese pasado por la cabeza.
Los domingos los dedico exclusivamente a escribir artículos. Me gusta levantarme temprano, comprar la prensa y luego leer los diarios mientras desayuno, antes de sentarme a trabajar. Se trata del único día de la semana en el que no estoy para nadie. Aquellos dos tipos habían elegido a la peor víctima en el momento más inoportuno. Mientras subía a casa en el ascensor pensé que los asaltantes me acababan de hacer un inmenso favor. Me habían regalado una historia que contar. A las nueve de la mañana ya tenía resuelto el argumento del artículo Cruce de Vías de la semana próxima. Iba a hablar del cuchillo de SUR. Cada día que pasa me cuesta más encontrar los temas de mis relatos. Creo que todo está escrito. Sin embargo, la vida no deja de sorprendernos. Sentado el domingo pasado en la terraza de mi casa, tomando café y leyendo la triste noticia de la muerte de ángel González, me fijé en unas palabras del Poeta que me parecieron una hermosa metáfora de lo que me acababa de suceder: «Es inútil buscar la poesía, es ella la que debe venir».
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