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| Costa sur Playas, piedras y un reloj centenario. Un paseo |
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La costa sur tiene algo extraño. Pese a sus playas, sus volcanes, sus restos arqueológicos, sus muelles, sus fincas, sus opulentos paisajes, es quizás uno de los destinos turísticos menos atendidos del país.
Se conocen, sin duda, las arenas del puerto de San José, las atracciones del Instituto de Recreación de los Trabajadores de la Empresa Privada (Irtra), probablemente el Autosafari Chapín, desde luego Monterrico. Pero en muchos casos, se ignoran las encantadoras actividades que bullen bajo la superficie de los pueblos, al traspasar su fachada.
Por ejemplo, el intento de conservar las tortugas que se hace en el municipio de Taxisco, aprovechando el interés de los turistas. La estampa de los pescadores que, en Champerico como en otros lugares, se afanan enredados con el amanecer. El fervor religioso al representar la Pasión de Cristo en vivo, como se acostumbra en San Antonio Suchitepéquez cada Viernes Santo.
En Escuintla, la sopa de tortuga fue típica pero por razones obvias está prohibida. Se puede sustituir por un humeante caldo de mariscos al gusto de cada quien, ya sea de camarón, mixto o solo de pescado, o una sopa de yuca, o cangrejos rellenos.
Santa Rosa también tiene delicias que ofrecer. Los nuégados de yuca, la carne en amarillo (pollo o marrano con una salsa de tomate y cebollas y un poco de achiote con vinagre), los tamalitos de elote o la recomendabilísima sopa de tortilla o de capas (con chorizo negro y huevo duro) pueden hacer de la boca un lago.
El revolcado, que se puede hacer con el espinazo, con los menudos o con las partes blandas de la cabeza de cerdo, es muy popular en toda Guatemala; pero es tradición en Suchitepéquez. Igual que el pulique verde y los camarones con chipilín (una hoja que las mujeres del área tratan con gran respeto porque dicen que da sueño).
Del postre, para terminar con el almuerzo y con el viaje, puede disfrutar en Retalhuleu. La hojuela de bolillo, las torrejas de pan o el dulce de zapote son lo típico. Si también quisiera platos principales, olvide la iguana en iguaxte: está prohibida. Vuelva mejor los ojos, antes de irse, sobre la chancleta, un plato de güisquiles con champurradas, azúcar moreno, crema y pasas.
Veinte manzanas de árboles frutales, flora exótica, fauna del trópico y¦ avestruces en el puerto de San José. Traídas desde África, se puede conocer el proceso de crianza, su alimentación, comprar recuerdos y comérselas en el restaurante. Abierto de 10 a 18 horas, Avestruces Maya tiene piscina, columpios, zonas verdes. El precio de la entrada es Q25 para adultos y Q20 para niños mayores de 10 años. Teléfono.: 5608 0835
Una de las áreas arqueológicas más importantes del país, Cotzumalguapa ostenta tres conjuntos preclásicos. Las ciudades olmecas de El Baúl, Bilbao y el Castillo insinúan un estado poderoso que debió de ejercer gran influencia en la costa sur. La primera de ellas conserva la estela número 1, que, fechada el 37 d. C. pasa por ser la más antigua de Guatemala.
Ignoto y Patrimonio Nacional, ruinas mayas y una arquitectura deudora de los alemanes que lo habitaron durante años, Chocolá o Xojolá, en San Pablo Jocopilas, es un pueblo pintoresco y de contradicciones. Su iglesia verde, su vieja estación ferroviaria, sus encantadoras casas, su tranquilidad y el centenario reloj que aún funciona, constituyen un reconfortante o reconstituyente destino para un tiempo. Desde aquí se puede partir hacia el volcán Siete Orejas.
El mundo del surf está empezando a apreciar las playas del Pacífico de Guatemala. Las olas son óptimas y el mar no tan populoso. Se calcula que en todo el país el número de surfistas ronda los 300. Tulate, sin ser una de las más conocidas, está entre las mejores para practicar este deporte. A kilómetros de allí, en Champerico, son encantadoras las mañanas en que los pescadores salen a la mar y el trajín de aparejos llena el muelle.
Uno de los destinos clásicos de la costa sur, es famoso por sus playas y su multitud de hoteles. Monterrico ofrece un mar salvaje y metálico a determinadas horas (el océano Pacífico) y travesías al sol del amanecer. Además, ya sea en las aldeas o en el tortugario, es posible apadrinar huevos de este reptil para evitar su galopante mengua. En la arena de las playas, se realizan como atractivo turístico carreras entre las tortugas que son liberadas al mar.
Aquí ya existe un programa que cambia no solo la forma en que el cuerpo se ve, sino el estilo de vida de las personas. Tres meses de entrenamiento bastan para modificar de modo integral ciertos hábitos que hacen la gran diferencia.
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