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Compras al límite del reloj y la tarjeta
2008-01-07
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Compras al límite del reloj y la tarjeta
 
La Vaguada, el que fuera durante muchos años el centro comercial más grande de Europa, no era una excepción, y por sus instalaciones discurrían ayer miles de personas cargadas de bolsas. El incidente que tuvo lugar el 2 de enero, cuando cientos de vehículos quedaron atrapados durante horas en el parking, no amedrentó a los intrépidos compradores.

Aunque muchos prefieren acudir a las calles del centro de Madrid para adquirir sus regalos y disfrutar del ambiente navideño, otros, como Nuria, lo tienen claro: Aquí lo tengo todo, puedo aparcar fácilmente, no paso frío y, además, me envuelven los regalos. Las miles de personas que entraban y salían de las tiendas del centro comercial del barrio del Pilar debían de estar de acuerdo con ella porque, en algunos momentos, por sus pasillos no quedaba ni un espacio libre en el que no hubiera alguien. Ni siquiera al mediodía, cuando habitualmente este tipo de establecimientos se vacía, disminuyó la afluencia de público.

Comprar en un centro comercial tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Yo me voy de aquí porque me estoy agobiando con tanta gente, no puedo ni respirar, reconocía ayer Julián, un vecino del barrio que había acudido a comprar el típico Roscón de Reyes.

Cómo él, muchos hacían cola en las panaderías del centro para comprar el dulce navideño y para otras muchas cosas, como adquirir un décimo para el sorteo del Niño o, simplemente, ir al aseo. Todo estaba lleno.

Si habitualmente un centro comercial es bastante ruidoso, ayer, el griterío era incesante. Niños subidos en las atracciones, villancicos en el hilo musical, gritos de abuelos desesperados intentando controlar a sus nietos... Todo se mezclaba en el ambiente formando un runrún constante. Pero ese ruido no molestaba a los Reyes Magos, que, situados junto a las escaleras mecánicas, escuchaban las peticiones de cientos de niños que, con apenas un tímido hilo de voz, recitaban emocionados los juguetes que esperaban encontrar hoy junto a su árbol de Navidad.

Algunos de los establecimientos más concurridos eran, por tanto, las jugueterías y los destinados a un público infantil. La tienda Disney y la de Hello Kitty fueron algunas de las que contaban con más presencia de niños.

Preparar los detalles de última hora era lo que había llevado hasta allí a la mayoría de los clientes que recorrían estresados la gran superficie. Otros reconocían que cada año esperan para comprar los regalos hasta el último momento. Para mí es una tradición. No compro nada hasta el día 4, así tengo más tiempo para pensar qué voy a comprar y doy menos vueltas. En dos días, lo hago todo y me ahorro tiempo, comentaba Sandra, una joven estudiante de Derecho.

El problema, para los que eligen esta opción es que los regalos buscados se agoten. La videoconsola Wii, algunos videojuegos y accesorios llevan agotados más de una semana, para desgracia de los menos previsores que recorren, sin éxito, los establecimientos en su busca.

Las prisas generaban también tensiones entre los clientes: Señora, que aquí cabemos todos, no empuje, increpaba un anciano a una mujer que se subió a la escalera mecánica sin esperar su turno. Junto a ellos, una niña aseguraba, ante la mirada incrédula de su madre, que los Reyes le iban a regalar unos patines porque los había pedido con todas sus fuerzas.

Ajenos a toda polémica permanecían las decenas de jubilados que, como cada tarde, acaparaban los bancos del centro comercial. Nosotros no compramos, venimos todos los días a entretenernos y, aunque haya mucha gente, siempre tenemos nuestro sitio, contaba, jocoso, Manuel, bastón en mano.

Menos gente que en La Vaguada había en el centro comercial Plaza Norte 2 de San Sebastián de los Reyes. Por sus instalaciones, los últimos compradores buscaban, sobre todo, las tiendas que ya habían comenzado el período de rebajas. Te cuesta más barato y quedas igual de bien con el regalo. Es más práctico, contaba, convencido, Juan, a la salida de una tienda donde había comprado un abrigo a su pareja.

Tras las compras, le llega el turno a las zonas de ocio. Los restaurantes de comida rápida, las cafeterías y los cines también hacen su agosto los días previos a Reyes. En un día como el de ayer, comerse una hamburguesa en familia no era tarea fácil. Así lo explicaba Carmen Jiménez en la cola del McDonald: Yo estoy esperando en esta caja y mi marido en otra para hacer el pedido, y los niños ya se han sentado en la mesa para que nadie nos la quite. Toda una estrategia.
 
 
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