|
Añade nuestras noticias a tu página principal de Google |
|
|
|
| El Barça da la cara pero sigue sin gol ante un miedoso Manchester |
| |
Esta noche, el Barça se ha comportado como lo que no ha hecho en toda la temporada. Miró de arriba a abajo al poderoso Manchester y se obligó a ser un equipo como dios manda, consciente de que la Champions es su última esperanza. Amparado en una motivación inusual, muy lejos de la imagen que ha mostrado en la Liga, dio gusto verle dar la cara por más que no llegara a encontrar un hueco entre esa tela de araña que nunca llegó a resquebrajarse. En el último instante, siempre había un inglés emboscado, o dos, o tres, un pelotón disciplinado que se cierra en cuanto intuye peligro.
Y eso que todo pudo ser peor. Cuando mucha gente ni siquiera había tomado asiento, la euforia que destilaba un Camp Nou entregado, sin una pizca de rencor, sufrió un terrible colapso. El reloj rozaba el minuto dos, y Cristiano Ronaldo estaba frente al punto de penalti. Listo para disparar. A Milito se le fueron las manos y el Barça se enfrentaba al peor partido posible. Horror. Pánico. Pero al malabarista le falló el truco, envió el balón fuera y la noche se abrió de par en par para un equipo que, quién sabe, cómo hubiera respondido a un golpe tan duro. La suerte le libró de ese tormento y se vino arriba, en una exhibición de fe y sacrificio que devolvió a la memoria sensaciones perdidas.
El Barça, no. El Barça se fue a por ellos, descaradamente escorado a la derecha, fiel a esa consigna que Rijkaard lanza desde la banda. Y ahí fueron uno detrás de otro, con Deco de escudero, reaparecido para el gran día. En el otro lado, Iniesta cayó en el olvido y en el centro Etoo andaba espeso. Estaba en todas partes, pero nunca en el sitio preciso, ahora un paso adelante, ahora un paso atrás, incapaz de afinar el punto de mira. Y así siguió hasta el final, con más voluntad que otra cosa. Le faltó incluso picardía en una acción que pudo provocar penalti y quiso seguir adelante.
Pero el reloj no perdona y al Barça se le agotó el tiempo, en medio del inagotable aliento de un Camp Nou revitalizado, que desenterró algo del orgullo perdido. El Manchester tiene lo que buscaba, aunque no estará tranquilo. Si antes de empezar, con un Barça que parecía muerto, mostró tanto respeto, ahora tiene más motivos para echar el freno y no alzar los brazos prematuramente. No lo hará por más cerca que se vea de Moscú.
|
| | |